martes, 16 de octubre de 2018

Ficha 2: Acerca de la psicología y la pedagogía de la defectividad infantil - Vygotski

Nombre: Camila Vergara Flores


Referencia: Vygotski, L. (1924). Acerca de la psicología y la pedagogía de la defectividad infantil. En L. S. Vygotski, Obras escogidas, Vol. V: Fundamentos de defectología (pp.73-95). Madrid: Visor.



Síntesis y principales conclusiones: En primer lugar, Vygotski parte este capítulo señalando que los niños con discapacidades ya sean visuales o auditivas están además en una situación de desmedro a nivel social, pues la forma en que sienten y perciben el mundo está alterada. Al respecto, menciona que la creencia de que hay una “compensación biológica” no es más que un mito, pues el hábil tacto de una persona con ceguera o la gran capacidad de leer los labios de las personas con deficiencia auditiva responde a la capacidad de esos niños de aprender, asociando diferentes estímulos y adaptando entonces sus capacidades diferentes para entender el mundo que les rodea, usando el conductismo. De esta forma, el autor plantea que en esencia, los niños con algún tipo de discapacidad en esencia aprenden de la misma forma que los niños “normales”.


Vygotski plantea que la gran falencia de la educación especial es que tratan de diferenciar a los niños con ceguera o déficit auditivos, cuando en realidad deberían ser tratados igual que los niños normales, pues en esencia son iguales y aprenden de la misma forma, siguiendo los mismos patrones de desarrollo que el autor plantea como universales. De esta forma, postula que la mayor deficiencia de estos niños radica principalmente en lo social, en cómo se maneja la discapacidad de ese niño, de cómo se le educa de forma diferenciada, de forma “especial”. De hecho, el autor plantea que las escuelas especiales en realidad antisocializan a los niños con discapacidades, pues los encierra en cuatro paredes fuera del mundo exterior. Además, se problematiza el hecho de que estas escuelas en realidad mantienen una educación laboral que sigue viendo a las personas con discapacidad como “inválidos”.

El autor para finalizar hace un repaso de cómo la educación especial le ha fallado a las persona con ceguera, a las personas con déficit auditivo, y las con déficit cognitivo.

Breve comentario: Es interesante como el autor plantea que la educación especial en realidad debería ser una educación más igualitaria, pues derriba los mitos que a veces causan una especie de discriminación positiva cuando hablamos de educación diferencial.

Citas textuales: “Debemos asimilar la idea de que la ceguera y la sordera no significan otra cosa que la sola ausencia de una de las vías para la formación de los vínculos condicionados con el medio. Los ojos y oídos que se denominan el fisiología receptores, y en psicología, órganos de percepción o sentidos externos, tienen una función biológica: previenen al organismo sobre modificaciones lejanas del ambiente. Estos son, según una expresión de H. Decker, algo así como un puesto de avanzada de nuestro organismo en la lucha por la existencia. Su misión inmediata es percibir y analizar los elementos exteriores del ambiente, descomponer el mundo en partes singulares con las cuales se vinculan nuestras reacciones útiles, con el fin de adaptar lo más exactamente posible la conducta al medio. La conducta del hombre en sí misma, como conjunto de reacciones, en rigor, permanece intacta. El ciego y el sordo con capaces de reproducir toda la gama de la conducta humana, es decir de la vida activa. La particularidad de su educación se reduce solo al reemplazo de una de las vías por otras para formar los vínculos condicionados” (p. 76-77)

“Así, desde el punto de vista psicológico, el defecto físico provoca la perturbación de las formas sociales de conducta, el sistema de reacciones adaptativas al medio, entonces las modificaciones de este sistema, se manifiestan, ante todo, en la reestructuración y sustitución de los vínculos y condiciones sociales en los que se cumple y realiza el proceso normal de la conducta. Absolutamente todas las peculiaridades psicológicas del niño deficiente tienen en su base un núcleo no biológico, sino social” (p. 80-81).

“No negamos la necesidad de la educación y la enseñanza especiales de los niños deficientes. Por el contrario, afirmamos que la enseñanza de la lectura a los ciegos o del de lenguaje oral a los sordomudos demanda una técnica pedagógica especial y recursos y métodos especiales de los niños deficientes. Y sólo el conocimiento científico de la técnica puede formar un auténtico pedagogo en este terreno. Empero, no debemos olvidar que es preciso educar no a un ciego, sino ante todo a un niño. Educar al ciego y al sordo significa educar la ceguera y la sordera, y transformar la pedagogía de la defectividad infantil en pedagogía defectiva” (p. 81).

“Por su naturaleza, la escuela especial es antisocial y educa a la antisociabilidad. No debemos pensar en cómo se puede aislar y segregar cuanto antes a los ciegos de la vida, sino en cómo es posible incluirlos más temprana y directamente en la misma. El ciego tiene que vivir una vida en común con videntes, para lo cual debe estudiar en la escuela común (p. 85).

“Una fórmula muy frecuente en el uso pedagógico y la literatura, considera que el objetivo de la educación de los niños con retraso profundo consiste en formarlos como personalidades socialmente neutrales. En este caso, se supone que la educación social puede perseguir fines puramente negativos. Sin hablar de que no existen en absoluto personalidades socialmente neutrales, sería un enorme error ignorar las tareas positivas que se plantean aquí en la pedagogía. La vida es infinitamente compleja y diferenciada, en ella siempre puede uno encontrar el sitio para un niño activo y no neutral, incluso si es infradotado” (p. 92).



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