miércoles, 10 de octubre de 2018

Reflexión sobre la Legislacion chilena e Inclusion





Como estudiantes universitarios, de vez en cuando recibimos invitado/as a las clases que asistimos. En nuestra clase de Inclusion Educativa y Atencion a la Diversidad que tuvimos la semana pasada, llego de visita de una profesora que nos vino a hablar sobre las distintas políticas de diversidad existentes en Chile.
Comenzó comentando las diferencias de los enfoques que podían ser de: inclusión, segregación, exclusión e integración.
Luego vimos la Ley General de Educación donde engloba la política de educación especial, el programa intercultural, la ley de subvención preferencial y la ley de inclusión escolar. Si bien, todas estas leyes apuntan inicialmente a un foco inclusivo, nos encontramos con contradicciones como el hecho de que aun se acepte que los colegios seleccionen a los estudiantes que pueden entrar. Además son programas que piden requisitos para poder ser llevados a cabo, como el programa intercultural, que exige que en la ubicación del establecimiento se concentre un alto foco de población étnica, sino, no puede ser llevado a cabo, limitando así que otros y otras estudiantes tengan acceso a conocer más sobre una cultura que nos involucra a todos y todas por igual.
Respecto a la Ley de subvención preferencial, ésta categoriza a los colegios en autónomos, emergentes y en recuperación según su desempeño en las pruebas estandarizadas, y a partir de eso, es que según sus puntajes pueden ser más autónomos o no en cuanto a construcción de planes educativos y distribución de recursos. Es en este punto donde sería curioso detenernos y reflexionar.
Al separar de esta forma las escuelas, generamos de inmediato una discriminación con aquellas que no sobresalieron en sus puntajes por distintos motivos, al considerar un establecimiento como “en recuperación”, entra a estar altamente intervenido y sin opciones de ofrecer propuestas respecto a la educación que quieren entregar porque todo se define desde centros externos como lo es, por ejemplo, la Agencia de Calidad en la Educación.
Vemos que todas estas entidades se apegan a modelos universales de aprendizaje, aun así buscando “inclusión”, sin embargo, no deja que sus propios actores sean capaces de proponer lo que para ellos puede ser mejor para sus estudiantes, según las necesidades que ellos perciben en la cotidianidad del proceso educativo y relacional. Poco deben conocer los contextos de los y las estudiantes pertenecientes a ese cuerpo educativo, pero no es de su importancia realmente, solo importa que aprendan a responder una prueba, sin darse cuenta que hay otros factores que pueden estar influyendo en ese rendimiento y no le ponen la real importancia que requiere.
Así entonces, vamos aumentando la diferencia entre colegios que tuvieron altos puntajes en las pruebas (sin que nadie cuestione como los obtuvieron, porque es sabido que algunos colegios no dejan que sus estudiantes con bajo rendimiento rindan la prueba) con aquellos que respondieron de la misma forma, y por eso son castigados, perdiendo autonomía, siendo estigmatizados y amenazados con ser cerrados si no salen de esa categoría en un plazo de tres años, siempre con un enfoque punitivo, demostrando una vez más que es lo económico lo que realmente le importa a todos estos cuerpos y agentes de educación.
Con todo lo dicho anteriormente, resulta interesante preguntarse por el foco real que buscan  nuestras leyes, creemos que hasta que las subvenciones y lo económico no deje de estar como protagonista dentro de la educación, no podremos avanzar hacia una verdadera y  completa inclusión en la educación.

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Somos un grupo de estudiantes de Psicología de la Universidad de Chile interesadas en conocer nuevas perspectivas de la inclusión educativa...